Muy cerca de Puente Genil, a tres kilómetros de su casco urbano, se encuentra el paraje de Fuente Álamo, topónimo con que se designa un lugar, cruzado por el arroyo del mismo nombre que junto a la feracidad de sus tierras, fue el factor determinante para que hace dos mil años el hombre decidiese asentarse en este ámbito. Una sabia decisión que andando el tiempo nos proporcionará algunos de los mejores ejemplos del mundo rural en época romana.

Perteneciente, en esa misma época, al convento jurídico astigitano, la villa romana de Fuente Álamo se emplazaba próxima a la desviación del gran camino de la antigüedad, la Vía Augusta hacia Antikaria, (Antequera), y equidistante de dos ciudades importantes en la Bética, Ipagrum, la actual Aguilar de la Frontera (Córdoba), y Ostippo, Estepa (Sevilla).

La construcción de la villa data del s.III d.c. y parece seguir los apuntes del escritor latino Varrón: “a la hora de edificar la villa, deberá cuidarse de que en su recinto haya agua o, si no, que esté próxima”. Las distintas generaciones de propietarios se sucedieron hasta el siglo VI, aunque sería a finales del IV y durante el siglo V. d.c. cuando Fuente Álamo alcance su mayor esplendor y lujo, con mosaicos considerados únicos en Hispania.

La arquitectura de la villa está definida por la presencia del arroyo a ambos lados del cual se distribuye la edificación. Decía Columela que la capacidad y el número de las partes de la villa debe ser proporcionada al total de su recinto y ha de dividirse en tres partes: urbana, rústica y fructuaria. Y así, ocupando una amplia superficie del lado norte de la villa se sitúa la parte destinada al almacenamiento, que en el caso de Fuente Álamo probablemente fuera de vino y aceite. Cuenta con un interesante entramado de graneros u horrea sobreelevado respecto a la zona de almacenamiento y provisto de conductos de ventilación por los que circulaba aire caliente que creaba un clima seco para evitar que el trigo fermentase.

En la otra margen del arroyo, y comunicado con la parte norte a través de una galería de treinta y ocho metros que transitaba sobre el arroyo, la zona sur de la villa presenta una estructura en excepcional estado de conservación. La mayor parte de esta construcción sigue soterrada bajo los terrenos colindantes pero es altamente prometedora con alzados de muros de hasta dos metros y medio.

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